
Durante mucho tiempo, para muchos proveedores del Estado parecía suficiente contar con un documento denominado Programa de Integridad y adjuntarlo cuando una licitación lo solicitaba. Esa lógica está cambiando.
Nuestra investigación sobre licitaciones públicas entre 2023 y 2025 muestra una evolución desde la exigencia de demostrar que el programa existe, hacia la necesidad de demostrar que está implementado, funciona, se monitorea y genera evidencia.
Esta evolución introduce una nueva pregunta para las empresas que participan en Mercado Público: ¿Qué nivel de madurez tiene realmente su Programa de Integridad?
En este artículo presentamos el análisis de CGIE Consultoría y un modelo de cinco niveles que permite comprender la diferencia entre un programa meramente declarativo y un sistema de integridad capaz de demostrar su funcionamiento.
En resumen: ¿Qué es la madurez de un Programa de Integridad?
La madurez de un Programa de Integridad indica qué tan desarrollado, implementado, integrado, monitoreado y demostrable es el sistema de integridad de una organización.
No depende solamente de la cantidad de documentos que tenga una empresa. Un programa maduro requiere responsables, controles, capacitación, aplicación práctica, monitoreo, evidencia y mejora continua.
En términos simples: tener un Programa de Integridad no significa necesariamente tener un Programa de Integridad implementado.
Investigación CGIE: cómo están cambiando las exigencias
Muestra analizada: licitaciones publicadas entre septiembre de 2023 y 2025.
Sectores observados: hospitales, municipios y gobiernos regionales.
Variable analizada: evolución de los criterios de exigencia y verificadores asociados a Programas de Integridad.
Hallazgo principal: aumento de la solicitud de evidencia de implementación, monitoreo y funcionamiento.
La evolución de las exigencias ha sido rápida, se puede resumir en estos momentos clave:
2023: existe?
El año del documento, la preocupación principal era demostrar existencia. A partir del dictamen N°E370752/2023 de la Contraloría, se introduce la obligatoriedad de contar con Programas de Integridad en compras públicas. Muchas bases partieron solicitando simples declaraciones juradas y la mera existencia del programa, sin detallar su contenido ni cómo verificar su aplicación.
Aun así, ya se pedía evidencia de que el programa es conocido por los trabajadores, como correos internos o registros de comunicación. En esta etapa, muchos proveedores del Estado pensaron que bastaba con una declaración genérica y hoy están teniendo que ponerse al día a la rápida.
2024: verificadores
La preocupación pasó a ser demostrar implementación. Durante 2024, las licitaciones comienzan a pedir el programa de forma más específica. Los gestores de compras entienden que necesitan un enfoque más sistémico, que vaya más allá de documentos firmados para el futuro.
Empiezan a aparecer verificadores más detallados, alineados con el dictamen de Contraloría, que buscan demostrar que el programa se aplica y no solo existe en papel. Quienes ya tenían evidencias básicas, responsabilidades definidas y algunas actividades de integridad en marcha, llegaron mejor preparados y con menos estrés a sus licitaciones más relevantes.
2025: auditable
La preocupación pasó a ser demostrar funcionamiento y permanencia. En 2025 se consolida una definición más robusta de Programa de Integridad como sistema de gestión que previene, identifica y sanciona infracciones, con énfasis en cultura de cumplimiento. Algunas licitaciones, como las ID 1058095-10-LR25 y 1057417-89-LR25, incorporan verificadores que evalúan la sistematicidad, el monitoreo y la evaluación del programa, e incluso prevén que pueda ser auditado durante toda la ejecución del contrato.
Esto significa que tu Programa de Integridad debe estar preparado no solo para ser presentado al momento de ofertar, sino también para sostener una eventual revisión o auditoría mientras prestas el servicio
2026: ventaja competitiva
Las organizaciones capaces de demostrar madurez probablemente comenzarán a diferenciarse sistemáticamente frente a quienes reaccionen tarde, esta probablemente sea la principal hipótesis estratégica de CGIE Consultoría para los próximos años.
Si tu empresa quiere estar a la altura de estas exigencias y seguir compitiendo en el MercadoPúblico, necesitas pasar de un enfoque puntual (“subo un documento y listo”) a un enfoque sistemático y auditable, donde puedas demostrar cómo se aplica la integridad en el día a día.
¿Qué se entiende hoy por Programa de Integridad?
Desde la entrada en vigor de la Ley 21.634 y del nuevo Reglamento de Compras Públicas, los compradores pueden exigir un Programa de Integridad como parte de las bases. En muchos casos, este requisito puede representar hasta un 10% del puntaje o incluso ser una condición excluyente para adjudicar.
En términos simples, un Programa de Integridad es un sistema de gestión formado por políticas, procedimientos y controles internos que buscan prevenir delitos, conflictos de interés, actos de corrupción y malas prácticas en la relación con el Estado. Las licitaciones más recientes lo definen como un sistema que no solo previene, sino que también puede identificar y sancionar infracciones de leyes, regulaciones y códigos internos, promoviendo una cultura de cumplimiento.
Un Programa de Integridad no es solamente un documento
Dicho de otra forma: no se trata de un documento que adjuntas una vez, sino de un conjunto de prácticas vivas que se aplican, se monitorean y se mejoran en el tiempo. Un buen Programa de Integridad te ayuda a:
- Dar tranquilidad a gerentes, socios y equipos de que el cumplimiento está bajo control.
- Reducir el riesgo de sanciones y controversias con organismos públicos.
- Aumentar tus posibilidades de adjudicar licitaciones donde la integridad tiene puntaje propio.
¿Qué debe permitir demostrar?
Cuando hablamos de un Programa de Integridad en compras públicas, hablamos de un sistema que te permite demostrar, con evidencias claras, que tu empresa hace las cosas bien y que está preparada para trabajar con el Estado de manera transparente y ordenada.
Los 5 niveles de madurez de un Programa de Integridad
No todos los programas son iguales ni tienen el mismo impacto al momento de ejecutar un contrato con el Estado. Hoy se pueden distinguir distintos niveles de madurez, que marcan la diferencia entre “cumplir en el papel” y gestionar realmente los riesgos en la práctica.
Existe un discurso favorable a la integridad (declaraciones de principios, políticas genéricas), pero no una estructura formal robusta. Faltan herramientas críticas como matriz de riesgos, canal de denuncias operativo, roles definidos o plan sistemático de capacitación.
Existe un discurso favorable a la integridad (declaraciones de principios, políticas genéricas), pero no una estructura formal robusta. Faltan herramientas críticas como matriz de riesgos, canal de denuncias operativo, roles definidos o plan sistemático de capacitación.
La empresa ya cuenta con código de ética, algunas políticas, un procedimiento de denuncias y la designación básica de un responsable. Hay arquitectura visible, pero todavía poca evidencia de uso efectivo.
El Programa de Integridad comienza a operar de manera reconocible. El personal ha recibido difusión y capacitación, el canal de denuncias está habilitado y la matriz de riesgos se vincula a controles concretos.
La integridad se integra en la gestión diaria. Los indicadores se revisan periódicamente, las jefaturas participan activamente, el canal ético genera análisis y las decisiones de mejora se toman con criterios estructurados.
El programa se somete a revisiones independientes o internas altamente formalizadas. Existen auditorías, hallazgos, planes de acción y revisiones periódicas por la alta dirección.
En nuestra investigación, observamos una tendencia hacia exigencias que requieren demostrar implementación, seguimiento y evidencia, más allá de la mera existencia documental del programa.
Si tu empresa se queda en un enfoque solo declarativo, probablemente pierdas competitividad frente a quienes ya demuestran implementación y monitoreo. El nivel de exposición asociado a debilidades del sistema puede reducirse significativamente cuando existen mecanismos independientes de revisión y evidencia.
El cambio más importante es conceptual: el nivel Auditable ya no es solamente menor riesgo, es capacidad de competir mejor.
¿Cómo evaluar la madurez de un Programa de Integridad?
La madurez de un Programa de Integridad no se determina por la cantidad de documentos que posee una empresa. Un programa puede tener políticas, códigos y procedimientos formalmente aprobados y, sin embargo, presentar un bajo nivel de implementación.
La verdadera madurez se observa en la capacidad de la organización para prevenir, detectar, gestionar y demostrar cómo aborda sus riesgos de integridad. Para evaluar esta madurez es necesario analizar, al menos, siete dimensiones: políticas y procedimientos, responsabilidades, capacitación, controles, evidencia, monitoreo y mejora continua.
La pregunta fundamental no es solamente: ¿tenemos un Programa de Integridad?, sino: ¿Podemos demostrar que nuestro Programa de Integridad funciona en la práctica?.
Un Programa de Integridad maduro debe contar con políticas y procedimientos claros, conocidos y adecuados a los riesgos reales de la empresa. No se trata de acumular documentos. Lo relevante es que las reglas respondan a situaciones que efectivamente pueden ocurrir en la organización y que establezcan qué debe hacerse, quién debe hacerlo y cómo debe registrarse.
Entre otros aspectos, deberían considerarse materias como conflictos de interés, regalos y hospitalidades, relaciones con terceros, prevención de delitos, denuncias, uso de recursos, pagos, contratación y otras actividades relevantes según el negocio.
Una señal de madurez: las políticas se encuentran actualizadas, son accesibles, están relacionadas con los riesgos identificados y se aplican efectivamente en los procesos de la empresa.
Una señal de baja madurez: existe documentación formal, pero las personas no conocen su contenido o no saben cómo aplicarlo frente a situaciones concretas.
La integridad no puede depender exclusivamente de una declaración de la dirección o de una persona encargada de cumplimiento. Un Programa de Integridad maduro define responsabilidades concretas dentro de la organización: quién supervisa, quién ejecuta los controles, quién debe informar situaciones de riesgo, quién recibe denuncias y quién realiza seguimiento.
También es importante que exista una estructura de gobernanza proporcional al tamaño y complejidad de la empresa.
Cada persona debería poder responder preguntas simples como: ¿Qué responsabilidad tengo frente al Programa de Integridad? y ¿A quién debo informar si detecto una situación de riesgo?
Una señal de madurez: las responsabilidades están formalizadas y forman parte de las funciones habituales de las personas.
Una señal de baja madurez: el programa existe, pero nadie tiene claramente asignada la responsabilidad de hacerlo funcionar.
La capacitación transforma las reglas escritas en criterios de actuación. Un Programa de Integridad maduro no se limita a entregar un documento para que los trabajadores lo lean o firmen. Busca que las personas comprendan los riesgos relevantes para sus funciones y sepan cómo actuar frente a ellos.
La capacitación debería considerar el nivel de responsabilidad y exposición al riesgo de cada grupo. No necesariamente todas las personas necesitan recibir exactamente los mismos contenidos.
Además, es importante conservar evidencia de las actividades realizadas: contenidos, participantes, fechas, evaluaciones u otros registros pertinentes.
Una señal de madurez: las personas pueden reconocer situaciones de riesgo y saben qué hacer cuando se presentan.
Una señal de baja madurez: la capacitación se realiza únicamente para cumplir formalmente con un requisito y no existe seguimiento sobre su efectividad.
Los controles constituyen uno de los elementos centrales de un Programa de Integridad porque permiten reducir la posibilidad de que los riesgos se materialicen.
Un programa maduro conecta los riesgos identificados con controles concretos. Por ejemplo, un riesgo relacionado con pagos indebidos debería tener controles que permitan revisar, autorizar y dejar evidencia de las operaciones. Del mismo modo, los riesgos asociados a terceros pueden requerir procesos de evaluación, aprobación, monitoreo y actualización de antecedentes.
La pregunta clave es: ¿Qué hacemos concretamente para prevenir este riesgo y cómo podemos demostrar que lo hacemos?
Una señal de madurez: cada riesgo relevante tiene controles definidos, responsables y mecanismos para comprobar su ejecución.
Una señal de baja madurez: existen políticas que prohíben determinadas conductas, pero no existen mecanismos operativos suficientes para prevenirlas o detectarlas.
La evidencia es uno de los elementos que permite diferenciar un Programa de Integridad declarado de uno realmente implementado. Una organización puede afirmar que capacita a sus trabajadores, evalúa a sus terceros o realiza controles. Sin embargo, cuando necesita demostrarlo, debe poder presentar registros verificables.
La evidencia puede incluir, dependiendo del control, registros de capacitación, evaluaciones de terceros, aprobaciones, declaraciones de conflictos de interés, controles de pagos, investigaciones, reportes, actas, indicadores o informes de seguimiento.
La evidencia debe ser pertinente, trazable y suficientemente confiable para demostrar que una actividad ocurrió. Por eso, una pregunta fundamental para evaluar la madurez es: Si mañana alguien nos pidiera demostrar que este control funciona, ¿qué evidencia podríamos presentar?
Una señal de madurez: la organización puede demostrar sistemáticamente la ejecución de sus controles.
Una señal de baja madurez: las actividades se realizan informalmente, pero no queda evidencia suficiente para comprobarlas.
Un Programa de Integridad no debería funcionar como un conjunto de documentos que se revisan una vez al año. La organización necesita monitorear si los controles están funcionando, si aparecen nuevos riesgos y si las medidas implementadas siguen siendo adecuadas.
El monitoreo puede incluir indicadores, revisiones periódicas, análisis de denuncias, seguimiento de controles, evaluaciones internas, revisiones de terceros y otras actividades de supervisión. El objetivo no es solamente detectar incumplimientos, sino obtener información para mejorar el sistema.
Una señal de madurez: la empresa sabe qué está funcionando, qué presenta deficiencias y qué acciones debe adoptar.
Una señal de baja madurez: el Programa de Integridad se revisa solamente cuando ocurre un problema, una auditoría o una nueva exigencia.
La madurez más alta no significa tener un Programa de Integridad perfecto. Significa tener la capacidad de aprender, corregir y evolucionar. Los riesgos cambian, los procesos se modifican, aparecen nuevos proveedores, se incorporan tecnologías y pueden surgir nuevas exigencias legales o contractuales.
Por eso, un Programa de Integridad maduro debe incorporar mecanismos para actualizar sus políticas, modificar controles, reforzar capacitaciones y corregir las deficiencias detectadas.
La pregunta deja de ser: ¿Tenemos implementado un Programa de Integridad?, y pasa a ser: ¿Cómo sabemos que nuestro Programa de Integridad sigue siendo adecuado y cómo lo mejoramos?
Una señal de madurez: los hallazgos generan acciones correctivas y esas acciones son posteriormente verificadas.
Una señal de baja madurez: los problemas se identifican, pero no existe un proceso sistemático para corregirlos y evitar que vuelvan a ocurrir.
¿Por qué la madurez puede afectar la competitividad en licitaciones?
Para una empresa que participa en compras públicas, la integridad dejó de ser exclusivamente una cuestión interna de cumplimiento. Cuando las bases de una licitación incorporan exigencias relacionadas con integridad, compliance, prevención de delitos o mecanismos de control, la empresa debe estar preparada para demostrar aquello que declara.
Esto genera una diferencia importante entre dos empresas: Una empresa que tiene un Programa de Integridad y una empresa que puede demostrar que su Programa de Integridad funciona.
La segunda dispone de una capacidad adicional para responder ante procesos de evaluación, auditorías, clientes y exigencias contractuales. Por eso, la madurez puede convertirse progresivamente en un factor de preparación y competitividad empresarial.
De requisito documental a evidencia verificable
Una de las principales transformaciones observadas en el ámbito de la integridad empresarial es el paso desde una lógica centrada exclusivamente en la existencia documental hacia una lógica que concede mayor importancia a la implementación y evidencia.
Tener un Código de Ética, una política o un Programa de Integridad puede ser un punto de partida. Pero la pregunta que aparece después es mucho más exigente: ¿Cómo sabemos que esas reglas se aplican?
La respuesta requiere evidencia. Por ejemplo, no basta necesariamente con declarar que existe capacitación. Es diferente poder demostrar cuándo se realizó, quién participó, qué contenidos fueron abordados y, cuando corresponda, qué resultados tuvo.
Tampoco es lo mismo declarar que los terceros son evaluados que disponer de un proceso documentado que permita demostrar que esas evaluaciones efectivamente se realizan.
La diferencia entre declarar y demostrar es precisamente uno de los elementos que permite evaluar la madurez de un Programa de Integridad.
La trazabilidad como nueva señal de confianza
La trazabilidad permite reconstruir qué ocurrió, quién intervino, qué decisión se tomó y qué evidencia respalda esa decisión. En materia de integridad, esto tiene especial importancia.
Un control trazable permite responder preguntas como:
- ¿Quién realizó la revisión?
- ¿Cuándo se realizó?
- ¿Qué información fue analizada?
- ¿Quién aprobó?
- ¿Qué decisión se tomó?
- ¿Qué ocurrió posteriormente?
- ¿Dónde está registrada la evidencia?
La trazabilidad transforma una afirmación en algo verificable. Por eso, una organización que puede demostrar sistemáticamente cómo funcionan sus controles transmite un nivel de confianza diferente a aquella que solamente dispone de declaraciones generales.
En este sentido, la madurez de un Programa de Integridad no depende únicamente de lo que la empresa dice que hace, sino también de su capacidad para demostrar lo que efectivamente hace.
El riesgo de implementar solamente cuando aparece una licitación
Uno de los errores más frecuentes consiste en comenzar a desarrollar un Programa de Integridad después de detectar que una licitación lo exige. El problema es que la implementación real requiere tiempo.
No basta con elaborar documentos rápidamente. Una implementación efectiva puede requerir definir responsabilidades, identificar riesgos, establecer controles, capacitar personas, evaluar terceros, generar registros y comenzar a producir evidencia. Por eso, intentar construir el programa únicamente cuando aparece una oportunidad comercial puede generar una situación paradójica: La empresa necesita demostrar madurez precisamente cuando todavía está construyéndola.
La preparación anticipada permite abordar este desafío de una manera completamente diferente. En lugar de reaccionar frente a cada nueva licitación, la empresa puede desarrollar progresivamente sus capacidades de integridad y mantener evidencia actualizada de su funcionamiento.
Así, el Programa de Integridad deja de ser solamente un documento preparado para responder a una exigencia y se convierte en una capacidad permanente de gestión.
Lo que realmente está cambiando no es la ley
Está cambiando el estándar de confianza. Durante años bastó con declarar buenas prácticas, hoy los compradores públicos buscan señales más sofisticadas:
- evidencia verificable;
- monitoreo;
- responsables definidos;
- capacitación;
- trazabilidad;
- mejora continua.
La dirección del mercado es clara: la confianza comienza a construirse sobre evidencia y no sobre declaraciones. Las organizaciones que comprendan esto antes tendrán menores costos de adaptación y mayores oportunidades comerciales. Los Programas de Integridad dejaron de ser una formalidad administrativa. Hoy comienzan a transformarse en una nueva forma de demostrar capacidad organizacional frente al Estado.
La pregunta ya no es: ¿Tu empresa tiene un Programa de Integridad?, la pregunta comienza a ser: ¿Qué nivel de madurez tiene y qué tan bien puedes demostrarlo?. Las organizaciones que entiendan antes esta diferencia probablemente competirán con menos incertidumbre, menores costos de adaptación y mayores oportunidades de crecimiento en el Mercado Público.
Cómo te apoyamos desde CGIE Consultoría
En CGIE Consultoría hemos venido analizando estas exigencias desde 2023, revisando licitaciones y casos reales para entender cómo se están aplicando en la práctica. Acompañamos a proveedores del Estado a cumplir la normativa, ordenar su gestión y mejorar sus resultados en compras públicas a través de la integridad, la sustentabilidad, normas ISO y prevención del delito.
Nuestro enfoque es ser un puente entre el lenguaje jurídico–técnico y la realidad de tu empresa. Tú no tienes por qué dedicar horas a leer dictámenes o reglamentos: nosotros los traducimos en requisitos concretos, formatos amigables y evidencias que realmente te sirven en el Sistema de Compras Públicas.
Trabajamos contigo para que tu Programa de Integridad:
- Sea coherente con tu operación diaria, sin burocracia innecesaria.
- Cumpla con lo que están mirando hoy los organismos públicos y las contrapartes técnicas.
- Te dé tranquilidad frente a auditorías, revisiones o consultas de los servicios.
En resumen: tú te enfocas en tu negocio y en preparar buenas ofertas; nosotros nos encargamos de que el componente de integridad esté claro, ordenado y listo para presentarse.
Si tu empresa quiere adelantarse a las próximas exigencias y no quedarse atrás frente a la competencia, este es el momento de revisar, fortalecer y evidenciar tu Programa de Integridad. Hacer este ajuste hoy, de manera planificada, es mucho más sencillo y menos estresante que reaccionar a última hora cuando una licitación importante te pide medios de verificación que no tienes preparados.
¿En qué nivel de madurez está tu Programa de Integridad?
No necesitas esperar a que una licitación te exija demostrarlo. CGIE puede ayudarte a evaluar el nivel actual de tu Programa de Integridad, identificar las brechas de implementación y definir una hoja de ruta proporcional al tamaño y realidad de tu empresa.
Evaluar mi situación
Evaluamos tu realidad y las exigencias que enfrentas para proponerte solo lo que necesitas, con costos y plazos claros desde el inicio. Te ayudamos a estar preparado para competir y responder a las exigencias.
Solicita tu diagnostico a través de los siguientes medios de contacto.
Preguntas clave sobre la madurez de un Programa de Integridad
¿Qué significa que un Programa de Integridad esté implementado?
Significa que las políticas y controles del programa no solamente están documentados, sino que se aplican en la operación, existen responsables, las personas reciben capacitación y la organización puede generar evidencia de las actividades realizadas.
¿Qué diferencia existe entre un Programa de Integridad formal e implementado?
Un programa formal cuenta principalmente con políticas, procedimientos y documentos aprobados. Un programa implementado demuestra que esos elementos se aplican en la práctica mediante responsables, controles, capacitación, registros y otras evidencias verificables.
¿Qué es un Programa de Integridad auditable?
Es un Programa de Integridad que cuenta con suficiente estructura, evidencia, trazabilidad y mecanismos de seguimiento para permitir una revisión sistemática de su funcionamiento.
¿Por qué la evidencia es importante en las licitaciones?
Porque permite demostrar que las medidas declaradas por una empresa no existen solamente en documentos, sino que forman parte de sus prácticas reales de gestión.
¿Cómo puedo saber qué nivel de madurez tiene mi Programa de Integridad?
La evaluación debe considerar, entre otros elementos, políticas, responsabilidades, controles, capacitación, evidencia, monitoreo, integración con los procesos y mecanismos de mejora.
